Así llama Villaverde del Río a la Romería que cada año se celebra en honor de la Virgen de Aguas Santas: la Romería de El Convento.
Sus orígenes se hunden en la tradición devocional vinculada a la aparición de la Virgen y a la restitución de su culto tras la Reconquista, que la tradición sitúa en 1247. Por su antigüedad, arraigo y continuidad en el tiempo, está considerada una de las romerías más antiguas de Andalucía y ha sido declarada fiesta de interés turístico.
Las referencias históricas permiten situar el desarrollo de estos cultos y peregrinaciones, al menos, entre los siglos XV y XVI, cuando la devoción a la Virgen de Aguas Santas adquirió una gran importancia en Villaverde del Río y en otros lugares cercanos. En torno a la ermita —y posteriormente al convento franciscano levantado en aquel lugar— comenzaron a celebrarse romerías y actos religiosos en honor de la Virgen.
No solo acudía la hermandad de Villaverde del Río, sino que también existieron otras hermandades vinculadas a esta devoción, como las de Alcalá del Río y Sevilla, esta última establecida en la iglesia de San Pedro.
La Romería se ha conservado prácticamente hasta nuestros días, con las transformaciones propias del paso del tiempo, hasta convertirse en una de las manifestaciones religiosas y populares más importantes de la comarca. Prueba de ello es que, alrededor de la ermita, se levantan cada año más de ciento cincuenta casetas para una celebración que apenas dura un día.
La Misa del Convento se celebra tradicionalmente el cuarto domingo de mayo, manteniendo viva la memoria de quienes, generación tras generación, han acudido a este lugar para honrar a la Virgen de Aguas Santas.
El día comienza con la salida de la carreta de plata del Simpecado, realizado en 2008 (Hasta ese año lo hacía el Primitivo Simpecado que data de principios del siglo XVIII) y que peregrina hasta la Ermita rodeado de todos los fieles. Una vez que se llega a la Ermita alrededor del mediodía, se celebra la «Misa del Convento» y terminada ésta, comienzan los cantes y bailes y se preparan la comida y la bebida. Así transcurre el día hasta las ocho de la tarde, cuando el Simpecado se coloca de nuevo en la carreta y comienza el camino de vuelta al pueblo, a lo largo del cual se reza el rosario y se canta y baila delante del Simpecado. Antes de llegar al pueblo, la Carreta entra en el barrio del Cerro Molino, engalanado para la ocasión, y al llegar a la iglesia, antes de entrar, todos los caballistas pasan a saludar a la Virgen
