La Aparición

Introducción

La historia de Nuestra Señora de Aguas Santas se conserva a través de antiguas tradiciones que unen fe, memoria y leyenda. Dos relatos principales, recogidos por Alonso Díaz en 1611 y por fray Juan Álvarez de Sepúlveda en 1680, explican el origen y la aparición milagrosa de esta pequeña Imagen, profundamente ligada a Villaverde del Río.

Ambas versiones, aunque distintas en algunos detalles, coinciden en presentar a la Virgen de Aguas Santas como una imagen que quiso permanecer junto a su pueblo, dando origen a una devoción que ha atravesado los siglos.

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Dos tradiciones sobre el origen de la Imagen

La historia de la Virgen de Aguas Santas ha llegado hasta nosotros a través de dos antiguas tradiciones.

La primera fue recogida en 1611 por el poeta Alonso Díaz. Según esta versión, la Imagen habría pertenecido a San Leandro, quien la entregó a su hermano San Isidoro. Desde entonces fue venerada en la Iglesia Mayor de Sevilla hasta que, durante la invasión musulmana, unos devotos la ocultaron en las faldas de Sierra Morena para evitar que fuese profanada o destruida.

La segunda versión fue recogida en 1680 por fray Juan Álvarez de Sepúlveda, historiador de la Imagen. En ella se cuenta que la Virgen se apareció ya en tiempos de San Isidoro, quien mandó construir una ermita en su honor. Más tarde, con la llegada de los musulmanes, la Imagen fue ocultada en el mismo lugar, hasta ser descubierta de nuevo en época cristiana.

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Aparición en tiempos de sequía

Aunque presentan diferencias sobre el origen primero de la Imagen, ambas tradiciones coinciden en el relato de su manifestación milagrosa en el término de Villaverde del Río.

Cuenta la leyenda que Juan Bueno, un pastor del lugar, apacentaba sus cabras en las estribaciones de Sierra Morena durante una gran sequía. Las fuentes y arroyos se habían secado, y el ganado sufría la falta de agua.

Mientras dormía la siesta, soñó con manantiales y ríos caudalosos. Al despertar, escuchó el sonido del agua. Bajo una peña había brotado una fuente abundante, y junto a ella descubrió una pequeña imagen.

La segunda versión fue recogida en 1680 por fray Juan Álvarez de Sepúlveda, historiador de la Imagen. En ella se cuenta que la Virgen se apareció ya en tiempos de San Isidoro, quien mandó construir una ermita en su honor. Más tarde, con la llegada de los musulmanes, la Imagen fue ocultada en el mismo lugar, hasta ser descubierta de nuevo en época cristiana.

Clip elaborado a partir de la película El Tamaño del Corazón (2025)

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La pequeña imagen hallada por el pastor

Juan Bueno tomó aquella figura por una muñeca y la guardó en su zurrón. Al llegar al pueblo, entró en una taberna y la empeñó a cambio de un vaso de vino.

La tabernera la guardó bajo llave en un arca, pero a la mañana siguiente, cuando el pastor volvió para recuperarla, la imagen había desaparecido. Pensando que la tabernera quería quedarse con ella, Juan Bueno regresó enfadado al lugar donde la había encontrado.

Allí volvió a ver la fuente, y sobre la misma peña descubrió de nuevo la pequeña imagen.

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El milagro de las tres gotas de sangre

Sorprendido por lo ocurrido, el pastor tomó la imagen entre sus manos. Para comprobar de qué materia estaba hecha, la golpeó tres veces en la espalda con su cuchillo.

Al instante brotaron tres gotas de sangre.

Entonces comprendió que no se trataba de una muñeca, sino de una Imagen de María Santísima. Conmovido por el milagro, corrió al pueblo para contar lo sucedido.

Allí volvió a ver la fuente, y sobre la misma peña descubrió de nuevo la pequeña imagen.

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La Imagen vuelve al lugar de su aparición

El cura, las autoridades y los vecinos acudieron al sitio señalado por Juan Bueno. Admirados por la fuente y por la Imagen, decidieron llevarla en procesión hasta la Iglesia Parroquial.

Sin embargo, aquella misma noche, la Virgen volvió milagrosamente al lugar de su aparición.

Más tarde fue trasladada también a Sevilla, donde el arzobispo mandó custodiarla junto al cuchillo del pastor. Pero, al ir a buscarla para dedicarle una capilla, la Imagen había desaparecido de nuevo, quedando únicamente el cuchillo.

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La voluntad de permanecer en Villaverde

Ante estos hechos, el arzobispo ordenó comprobar de nuevo el lugar de la aparición. Si la Imagen se encontraba allí, no debía ser trasladada otra vez, pues aquello sería señal de que la Madre de Dios quería permanecer en aquel sitio.

Confirmado el testimonio del pastor, se mandó edificar una ermita en el lugar donde había brotado la fuente.

Desde entonces, aquella pequeña Imagen comenzó a ser venerada con el nombre de Nuestra Señora de Aguas Santas.